cuéntame tu creepypasta

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1. Jack-Sawyer,

buenas! son las dos de la madrugada y he pasado verdadero miedo con cervine virth, un maldito vídeo que me han pasado. Y me dije... no soy escritor ni filólogo, pero amo la filología aunque ya no me pueda dedicar a ella. Y si le expresamos nuestro talento a los demás? quizás incentive la armonía en esta sala. Entonces me animé a crear esto, solamente espero que las historias sean de su propia autoría y que no se haga plagio. Entrego mi primera creepy, algunos ya la han leído pero otros no, y además está la secuela.
THE SWAMP. (EL PANTANO).
Mike–T.

Capítulo 1. Thomson.
El doctor James D. Thomson era simplemente el médico general del pueblo. Era alguien realmente intimidante. Siempre utilizaba camisas ceñidas al musculoso cuerpo que poseía, un ejemplar de por lo menos un metro y noventaisiete centímetros, y que dejaba colgando en los puños de sus largos y fuertes brazos. Usaba un sombrero de un material realmente extraño, parecido al plástico de aquellos en los que venían envueltas las chocolatinas que él mismo compraba a sus pequeños cuando los mandaba sonriente al colegio, sustentado por finas varas de bambú cual las de una cometa improvisada. Usaba pantalones casuales cuando se lo veía por la calle y traje, un traje bastante vistoso y amplio cuando atendía en su consulta. El hombre había conseguido prosperar. A sus 30 años, ya había logrado dejar atrás el apocado negocito del que antes fuera dueño y convertirse en el director de su propio hospital. Desde el preciso momento en que aquello ocurrió, la mayoría de la gente dejó de asistir al clásico hospital municipal en el que ni siquiera existía una mísera farmacia. El hospital de Thomson siguió creciendo, hasta el punto de ser algo así como el hospital del niño pero para todo el mundo. Era un señor realmente amable y compasivo, aunque algo excéntrico cuando se encontraba en solitario, aprendiendo más sobre su noble arte de la medicina o experimentando por sí mismo. Pero al momento de trabajar, siempre procuraba dejar a su pequeña amiga Excentricidad, a la que veía como un duende loco de cabellos largos y ensortijados dormitando dentro de su armario guardarropa cada vez que salía de su casa, ubicada en la Jackson, mientras se dirigía a pie los 500 metros que lo separaban de la avenida Carigon, cruzando el puente sobre aquel sucio riachuelo hasta pasar la casa de Jennifer y llegar a su hospital.
En uno de aquellos viajes y precisamente al intentar abrir la puerta corredera de su trabajo, encontró a una joven esperándolo sentada junto al bordillo de la escalera de entrada. James la saludó con la mano y con un gesto de la misma la invitó a pasar. Ella aceptó tímidamente y entró a Thomson’s Hospital esbozando una gran sonrisa.

Capítulo 2. McCall.
James le devolvió la sonrisa a aquella joven que acababa de entrar a lo que él consideraba su alma y por fin preguntó: Buenas. ¿En qué la podría ayudar?
Ella tomó una tarjeta de presentación de esas que Thomson siempre tenía a rebosar en un pequeño sujetapapeles que estaba sobre el mostrador, al lado derecho del ordenador. Volteó y encaró a Thomson y le dijo: Venía a pedirle trabajo como enfermera, señor. Acabo de concluir mi licenciatura en medicina y me interesa trabajar para pagar mi maestría. Me han contado su historia y estoy realmente admirada. Quiero seguir sus pasos.
James se sonrió y continuó: qué bien habla de uno la gente, ¿Eh? Así que le han hablado muy bien de mí. La verdad es que sí, le daría trabajo con gusto señorita y precisamente necesitaba una enfermera, tengo otros compañeros médicos en otras áreas pero el que brega con las cirugías soy yo y andaba en busca de un asistente. ¿Le parece si la ponemos a prueba una semana con salario por horas y usted decide si se queda permanentemente?
La chica le sonrió agradecida y se acodó ligeramente en el mostrador: Si, ¡Claro que sí!
Thomson se frotó las manos y rodeó el mostrador, sentándose tras su ordenador y frente a la joven: De acuerdo. ¿Cómo se llama usted, disculpe?
McCall, Lisa McCall. Puede llamarme Lisa o Lissie si así lo desea. Thomson tecleó un momento, se detuvo, se apoyó en la mano y siguió. Presionó largamente una combinación de teclas para guardar los cambios y se levantó.
Vale, he acabado. Supongo que podemos…
De repente y de manera estrepitosa, entró un joven algo pequeño de estatura pero con un peinado de tal estilo que hizo sonreír y soltar una pequeña risita a McCall.
Mire, ¡Mire quién precisamente acaba de llegar! ¿Cómo estás, Paul?
Buenas señor, muy bien gracias dijo el recién llegado, sonriendo a McCall. Entonces el señor Thomson continuó: Lisa, le presento a Paul Becket, odontólogo. Creo que uno de los mejores y un gran amigo. Paulie, te presento a la licenciada en medicina general Lisa McCall, que está a prueba como nuestra nueva enfermera.
Sonrió. Ambos se acercaron y se dieron un apretón de manos.
Encantado, dijo Paul. Es un placer, respondió Lisa. Luego ambos se alejaron y Paul se dirigió a James: Señor, ya han llegado los demás? Mientras rodeaba el hospital vi la entrada de atrás abierta.
Si, quizás sí. He jurado que escuché los cardiógrafos detrás y esos solo pueden ser Max y Elena que me conozco el jaleo que montan.
Paul y lisa sonrieron. Bueno señor, creo que iré a mi oficina. Si me necesita, no dude en llamarme. Así lo haré, dijo Thomson mientras concedía un apretón de manos a su amigo y empleado. Suerte con el trabajo, compañero. Estamos hasta arriba de documentos y…
Pero Lisa se sorprendió porque no terminaba la frase el doctor, cuando Paul ya se hallaba en mitad de la escalera al segundo piso despidiéndose con la mano. Thomson se excusó con ella y le dijo: tranquila, él es así. Como te descuides y sueltes la charla te deja sin pan ni pedazo. Vale, tú estarás aquí abajo querida. A la derecha del ordenador hay una manija. Tira de ella.
Así lo hizo lisa y la pared se deslizó. Era una anchura como para que pasen unas tres camillas. Al correrse con tal rapidez, Lisa se asustó y soltó la manija. La extraña puerta fue a dar al otro lado con un seco golpetazo.
Oh, caray, dijo Thomson. Luego rio de manera nasal y prosiguió: Lisa, ten en cuenta que aquí hay pacientes. Aquello ha sonado como una explosión nena. Procura no volver a hacerlo.
Ella asintió y avanzó con James hasta el cuarto recién abierto. Era una sala amplia. Cuatro camillas se hallaban reposando como basiliscos de manera paralela sobre sus relucientes soportes. Del lado derecho una mesa de operaciones y maquinaria de ese tipo, y del lado izquierdo sillas, una mesa para cuatro, un poco de comida y un ordenador laptop.
Bienvenida a mi sala de operaciones. Casi no hay gente aquí como no traigan a un chiquillo al que le han zurrado sobremanera y al que haya que reconstruirle o recolocarle algo. No es una vida relajada el estar aquí abajo, por si te lo estás preguntando. ¿Ves eso?
Entonces, Thomson señaló con su dedo índice una pequeña pantalla Tablet que se hallaba sujeta a la pared, perpendicular a las camillas basilisco y muy cerca del techo. Lisa asintió.
Bueno. Eso es un piloto. Si los de allá arriba pulsan un botón, debemos acudir. La mayoría de veces lo hacen porque necesitan puntos de vista o diagnósticos concretos. Por eso siempre hay que estar atentos en todo momento.
Lo he entendido. Atenta estaré. Puede confiar en mí señor Thomson.
Vale, así lo haré, replicó Thomson con imperceptible sorna.
Iré por un emparedado. ¿Te apetece, Lisa? Ella asintió y James bajó una escalera a la que se accedía abriendo una puerta cuyas bisagras chirriaban por el óxido.
James se encontraba en un habitáculo de poco más de tres por dos metros cuadrados. Era una vieja despensa. Para su madre, Kathleen Thomson, su guarida secreta. James a menudo se la pasaba hurtando pequeñas cosas (chicles tragables los llamaba) que su madre le traía entresemana para que no se quedase dormido en mitad de una cirugía o de alguna cosa excéntrica que le gustaba hacer a su querido hijo. El propio james recuerda que su hermano pequeño, John Thomson, se había estado columpiando en una rueda atada a una llanta a su vez atada a un árbol, la rama había cedido y el pobre niño salió proyectado contra una roca, fue a dar de cara contra ella y se deslizó un buen trecho por una pronunciada pendiente de roca y gravilla que se le quedó incrustada en la herida. Cuando James lo fue a recoger, la pobre criatura naufragaba en un mar de llantos y tenía uno de sus hombros cual arete. Se lo había dislocado y tenía que ser intervenido cuanto antes.
Sin contarle a su madre la travesura de su hermano, se lo llevó rápidamente a la guarida secreta, porque como Kathleen los viera en plena sala de operaciones seguramente le estallaría el corazón, y comenzó a trabajar con John. Mientras buscaba una herramienta con la que devolver a su estado original la infortunada clavícula de su hermano, quedó dormido sentado sobre su sillón, un raído Castello de cuero negro. La señora Thomson no encontraba a sus dos hijos, pero vio una puerta que antes no se encontraba allí. Baya susto el que se llevaría cuando vio a su hijo pequeño en mitad de una operación, su tez pálida como el papel y su rostro reflejando el sorpresivo ataque de la muerte. Precisamente y como predijo el propio james, a la mujer le dio un paro cardíaco y también la tuvo que intervenir él. Luego, al despertar su madre, intervino lo más pronto posible al pequeño John, le dio escayola por casi dos meses y lo envió fuera de la guarida con su madre.
James dio una repentina sacudida de pies a cabeza y se golpeó esta última con la puerta de un anaquelito que había dejado abierta. ¡Mierda! Dijo mientras tocaba su dolorida oreja. Con la predisposición de un antiguo pirata que se prepara para el abordaje, James tomó una barra de pan y un cuchillo. La barra le recordó la escayola de su hermano pequeño pero apartó ese recuerdo, el cual se fue chillando como un gusano gigantesco al que se le hubiera disparado en el costado con una Kalashnikov. Cortó la barra de pan en dos, limpiamente y sin filillos sobresaliéndole cual cirujano experto. Abrió ambos gajos y preparó los emparedados. Al suyo le puso tomate, lechuga, algo de una hamburguesa que había aparecido al final del frigorífico, salsa de tomate y algo de picante. Le apasionaba el picante. Al de Lisa, lo clásico. Los colocó sobre una pequeña bandeja de plata, la única que tenía, y sirvió dos vasos de leche que también colocó sobre esta. Llevó la comida arriba.
Capítulo 3. Lo que comenzó todo.
Lisa sonrió encantada al ver a Thomson bajar con sendos emparedados paralelos a sendos vasos de leche pasteurizada, lista para beber. A que es genial, dijo él. Se ve exquisito, contestó ella. Sin embargo, gracias al cumplido, Thomson no sonrió a Lisa que obviamente solo deseaba una sonrisa, una piltrafa de cariño o de comprensión. Al contrario, la apartó suavemente y posó la bandeja sobre la mesa de la izquierda.
Lisa volteó hacia la puerta, mirándola extrañada. ¿Ha oído eso, james?
Si, los niños quizás. Estamos debajo de la escalera después de todo. Pero precisamente allí acabó la pesquisa de James sobre los extraños ruidos que comenzaron a escucharse como si fuera una estampida, mientras un sordo rugido como el de una bestia retumbó dentro del edificio, marcando claramente su origen. La propia salita del hospital.
Lisa estaba realmente atemorizada y James sabía que tenía la vida de su reciente secretaria en juego. Corrió hacia la mesa para cuatro personas en la que hacía relativamente poco que habían comido, abrió un compartimento de doble fondo y extrajo un arma. Nada especial ni de alto calibre, una simple glock 16. Se asomó a un pequeño ventanuco que hasta ese momento a lisa le había parecido desapercibido, oteó a través de él y vio lo más asqueroso e imposible. Extraños humanoides que emitían ruidos guturales, con cientos de pústulas en el cuerpo y andares de robot, asolaban el alma de James acercándose a la pequeña guarida. De pronto, uno de aquellos seres se había abalanzado sobre el ventanuco que por suerte estaba reforzado. James sonrió, volteó hacia lisa y comprobó que estaba bien, entonces continuó. Sigiloso como un gato, parapetó la glock apuntando hacia el exterior, pasando sobre el cristal. Explosión, olor a plomo y pólvora, ruido de cristal y caída allá afuera, en el exterior. Los muertos vieron la presa fácil que se les presentó y lo cosieron a mordiscos. Lisa quiso acercarse para ver con más detalle la escena, pero James la retuvo fuera del campo de visión. Recogió la glock y descargó todo el plomo que la pistola guardaba dentro de su panza. Aquello era sacado de una película de terror. Miembros amputados, desgarrados o mordidos, sesos por el suelo e infinita cantidad de huesos que saltaron.
Pero toda aquella destrucción tomó forma y cobró vida propia. Los huesos se juntaron para hacer una nueva clase de esqueleto, los órganos o lo que quedaba de ellos se repartieron, los remanentes de piel cohesionaron y dieron forma a la cosa más grotesca vista jamás por cualquier cristiano. Aquella cosa era algo similar a una pelota con una cabeza y muchas piernas y brazos. Corrió todo lo rápido que pudo contra la salita de operaciones donde esperaban yertos de terror ambos camaradas, el jefe y su empleada. Lo demás, es historia.
La cosa comenzó a descargar gran cantidad de patadas y puñetazos contra la puerta hasta que cedió. James sonrió y le pegó una patada. Para su sorpresa, la fuerza absorbió su zapato y la cosa excretó líquidos que le fueron fundiendo el pie, el tobillo, la pantorrilla, el muslo…
Así, hasta que tenía una pierna seccionada de cuajo. Después, la cosa corrió en dirección a su garganta, abrió una putrefacta y asquerosa boca de la que emergieron varios dientes afilados y amarillentos, y de un mordisco certero destrozó la yugular de james. Luego bajó hasta la altura de su estómago, y comenzó con su peculiar aperitivo.
Aquella cosa seguía creciendo, según comentaba Lisa. Ella aprovechó un descuido de la cosa y corrió hacia afuera. El monstruo, sediento de sangre, corrió contra ella. Nada más salir, Lisa accionó la manija que cerraba las puertas. El monstruo daba un salto para morderla, pero una vez más se escuchó el golpetazo. Entonces, Lisa recordó la frase de aquel día, desde ese mismo día en que James la estaba poniendo a prueba. Ahora era historia, ahora ya no existían pruebas porque tampoco existía el dueño. El caso es que la cosa saltó, pero la hoja de la puerta trazó primero líneas, para luego acentuar su curvilíneo arte y despedazar lentamente a un zombie.
Lisa fue encontrada en estado catatónico algunos minutos después de aquel acontecimiento. Sobre Paul nunca se supo nada, y los demás estaban dentro de la cosa.

2. crauser,

amigo, eso fue algo genial!, te felizito!

3. el_munieco,

síii pero si puedes hazla en audio y súbelas a youtube son geniales narradas por loquendo.

4. el_perro_negro-del-diablo,

pido de favor al usuario dueño de ese escrito: qué: ¿por favor me de la autorización de hacer en audio ese relato, a especie de un corto, y pasarlo a el para que diga si le gusta?

5. Jack-Sawyer,

me alegro que les haya gustado. Si, obviamente sí, claro dando créditos respectivos. Aquí está la segunda parte, espero que disfruten

6. ramonsitopiano,

buen hilo pero si en audio seria genial, si se puede haser con varias boses de loquendo mejor

7. Jack-Sawyer,

gracias por repostear. Había olvidado poner la segunda parte de the swamp! aquí está.
THE SWAMP 2. EL PANTANO.
Mike-T.

El pueblo de Goam era un lugar apacible, más natural que urbano. Era uno de aquellos pueblos que se encontraba apartado del capitalismo, de la avaricia, del mundo en sí. Las altas copas de sus hermosos pinos y sauces se comparaba solamente a la hospitalidad y amabilidad de sus habitantes. Era un rectángulo natural de diez por quince kilómetros de extensión y tenía un río, el Creek, que lo atravesaba dividiendo a las personas entre meseta y meseta. Sus residentes habían construido con su propio sudor, un puente de madera sustentado con algunas barras de hierro que consiguieron de la ciudad, seguramente, pero aquello había pasado hacían sesenta años o incluso más. Aquel puente que se alzaba majestuoso y ofrecía comercio entre meseta y meseta se convirtió en una reliquia sobre la que daba cierto recelo pasar. Hacían décadas que aquel puente no había sido remodelado y la erosión de la correntada, el viento y el clima ya hacían mella en él.
Jerry Stevenson era un escolar a quien le agradaba ir a casa por caminos extravagantes nada más terminar la jornada en el instituto. Su colegio se hallaba cruzando la meseta sobre el puente colgante, en la avenida Jackson, cerca de la cafetería y de la bomba de gasolina.
Después de dar un beso a su madre, un abrazo y un apretón de manos a su padre y al instante preciso de coger su teléfono celular, se encaminó a la puerta de su casa. Llevaba un abrigo de cuero negro, una camisa, corbata y una camiseta por debajo, porque insistía en que la tela de aquella camisa de los lunes le picaba todo el tronco, pantalones negros y mocasines, que aseguraba con una correa de velcro y cuero sobre zapato.
Amin Ramezany era un inmigrante que se había instalado en el pueblo hace varios años. Su don para la oratoria y su capacidad para adular, mentir y difamar le habían convertido en el gerente de la única gasolinera del pueblo, la que se hallaba diagonal al colegio Alex Pedersen. Trabajaba con dos personas. Una chica a la que siempre miraba discretamente de otro modo y un chico que no tendría más de dieciséis años y que seguramente tenía algún tipo de retraso. Era ese chico, Lucas Davis, el que se dedicaba a llevar las mangueras de los surtidores hacia los carros que eventualmente aparecían y tanquear sus depósitos de combustible. Lory González era la chica de la limpieza y Amin se dedicaba a observar y a pagarles cuando le molestaban, porque siempre se atrasaba con los plazos.
De repente, un Ford ranchera rojo apareció por la puerta de entrada a la gasolinera y tocó el claxon. Su conductor era un tipo desaliñado de unos cincuenta años y que seguramente era fumador debido a su constante tos y al tufillo a césped quemado que manaba el coche. Lucas, con presteza, agarró la pesada manguera del surtidor y preguntó oscamente. ¿Cuánto?
Llena el depósito chico. Y así lo hizo. El viejo había olvidado apagar el motor y Lucas abrió el depósito de gasolina, la llave de paso de la manguera y procedió a tanquear. Miró absorto hacia arriba, al techo de la gasolinera, que tenía símbolos redondos y psicodélicos como parte de la decoración. Cuando se disponía a arrancar la manguera del depósito, la panza de plástico de la misma comenzó a hincharse, romperse, y finalmente todo el Ford se convirtió en un amasijo de carne y hierros retorcidos en el preciso momento que un ¡Bang! Se dejó oír en la gasolinera. Una pieza del parabrisas y todo el motor en llamas volaron contra el surtidor y lo hicieron estallar también, destrozando las paredes de la oficina de Amin. Cuando este se alistaba para huir, un cristal destrozado y que adoptó la caprichosa forma de lanzas durante la explosión lo decapitó de forma limpia y pura. El hombre incluso consiguió dar un paso en limpio antes de darse cuenta que su propio ventanal le había comido la cabeza.
La onda expansiva se hizo sentir hasta la escuela y varios complejos de aulas habían caído, aplastando en su descenso los cuerpos de varios niños que se encontraban en los pisos inferiores. Los que se encontraban en la cancha de juegos fueron los únicos que se salvaron. Todo el curso de Jerry fue destruido y sus mochilas ardieron, pero los integrantes de la clase estaban a salvo puesto que recibían educación física en la cancha de juegos.
Poco después, asustado como sus demás camaradas, Jerry emprendió rumbo a su casa. Iba a probar un experimento. Cruzarse el puente a modo de escalera china, colgándose de los hierros que sobresalían por sobre el río, hasta dejar la meseta norte y regresar a la suya. Mientras escalaba, paso a paso, hierro a hierro, uno de los travesaños oxidados se soltó y se le clavó directamente en el muslo, cerca de la femoral. Del dolor, Jerry casi se suelta para caer con estrépito sordo al río y estrellarse la sandía contra la grama y las rocas. Pero en lugar de ello, superó el dolor y siguió subiendo. Fue entonces cuando un hierro de sustentación donde él apoyaba amos pies tembló como un pequeño perro y se soltó de cuajo, cayendo al río y siendo arrastrado hacia el fondo. Jerry se desequilibró, trató de aferrarse con las manos al hierro superior, que se soltó y le dio en la cabeza y cayó inconsciente a las aguas turbulentas del Creek.
Entonces, se escuchó un rugido y un crujir de huesos mientras una masa informe surgía de las aguas del río y exclamaba Goham, Goham, Gohammmmmm…
Su familia se enteraría de la desaparición de su único hijo de noche, a la hora de la merienda. Anna, la madre, al notar que su hijo no la llamaba ya comenzó a preocuparse. Se lo contó a Jesse y luego supieron lo de la explosión y entraron en pánico. No se les ocurrió mejor idea que ir ellos mismos hasta el río Creek, a ver si lo encontraban, ver si encontraban rastro de su hijo. Pero nada. Lo único que tenía el río cristalino era un agua que se movía de forma continua, de acá para allá, de allá para acá.
Jesse, desesperado, profirió un grito dirigiéndose hacia el río, quizás con la tonta idea de que este se habría tragado a Jerry: ¡Dime dónde está, maldita sea!
Y lo hizo. Las aguas comenzaron a moverse con mayor brusquedad, a raudales, que se convirtieron en chorros que emergieron desde el fondo acompañados por un rugido gutural que hizo estremecer a Anna y a Jesse. El padre abrazó a su esposa y así yacieron hasta que del lecho del Creek surgió el horror vivo. Una bola con varias manos y pies humanos sobresaliendo de sí había salido de las caudalosas aguas del Creek. Tenía un gigantesco pico parecido al de un calamar de aquellos que se encuentran solo en el fondo, algunos tentáculos rodeándolo y detrás todas las extremidades humanas con garras larguísimas en posición de ataque.
Nadó con las manos palmeadas de los humanos que seguramente habría comido, se acercó a la orilla y salió. Los padres de quien en vida era Jerry Stevenson quedaron mudos del asombro y quietos del temor, pero aquella quietud les daría la muerte, porque Jesse reaccionó justo en el momento en que aquella cosa producía un maullido desproporcionado y sediento de carne, como el de un felino gigantesco. ¡Máaaaauuuuuu! Y se lanzara contra el cuello de Anna, propinando un certero mordisco en la tráquea. Jesse gritó histérico y devolvió el sangriento regalo con una fuerte patada en la parte baja del pico. El ser monstruoso chilló y sangre comenzó a salir de su boca, probablemente de su lengua partida por sus propios dientes. Entonces, Jesse corrió hacia su coche que había dejado estacionado cerca del muelle de madera del Creek, cogió un extintor, un cuchillo de casa y un revolver que llevaba por precauciones. La bestia lo vio todo y corrió tras él con el pico abierto, sin prever que Jesse le lanzaría el extintor incrustándoselo en aquel ángulo para proceder a disparar seis tiros con su revolver y hacer estallar el cilindro dentro de la boca del ser.
El engendro estalló y el cilindro con él. Fue cuando Jesse se dedicó a hurgar dentro de aquella bola que yacía sin vida, sobre el muelle de madera del Creek, logrando que su sangre se mezcle con el agua, con el pelo y con la ropa de Jesse. El ex padre de familia siguió con la actividad, hasta que escuchó un gruñido de mujer, un gruñido poco característico y que desde luego, no era terrenal. Volteó, y presenció lo peor de aquella noche.
Anna, protegiéndose con una lápida, los brazos convertidos en masas escamosas de donde sobresalían feas garras puntiagudas, largas y negras, profiriendo rugidos a quien era su amor, se acercaba amenazante hacia Jesse y hacia la bola que había destruido. El hombre arrancó su cuchillo, lo limpió en su pernera y corrió al coche y lo puso en marcha y se apretó el cinturón y pisó el acelerador y colocó la palanca en retro y comenzó.
Aquella cosa que había sido su esposa avanzaba con presteza contra el coche. De repente, la figura de la muerta se agachó, tomó un pedrusco y lo estrelló contra el parabrisas del coche haciéndolo trizas. Jesse esquivó el golpe a tiempo apartándose hacia un lado, y lleno de ira, hizo rugir el motor y dirigió la masa de ruedas contra Anna. La zombi gritó espantada y trató de huir, pero la rueda derecha le dio en la pierna y se la destrozó. La figura cayó en el césped cerca del embarcadero, mientras Jesse pisaba el acelerador y comenzaba una sinfonía de crujidos.
Jesse Stevenson Peters es un anciano, reside en el geriátrico estatal de su ciudad natal y varias veces se trató de suicidar. Sus paredes están tapizadas, interna como externamente, por aquella pelota desproporcionada que lo había perseguido y por Anna, quien en vida era Anna, la que casi le revienta la cabeza con una roca gigantesca.
De los demás habitantes de Goam sabemos muy poco. El pueblo fue evacuado y hoy es un pueblo fantasma, donde los chicos de la ciudad van a jugar a la owija, hacer rituales y pelearse entre ellos, desconociendo totalmente la historia que reposa en el Creek, su lugar favorito para desarrollar actividades de ese estilo.

8. el_pichon,

Me ha encantado! Ahora sólo te falta la precuela: qué fue lo que provocó la aparición de esos horribles seres sobrenaturales y monstruosos.

9. DjDisplay,

verdad, esperemos que la cuente

10. Jack-Sawyer,

ya, la precuela. Digamos que pretendo hacerlo, y que the swamp 1 fue una pesadilla que tuve, así que estoy pensando qué podría poner de precuela porque simplemente cambié los nombres de lo de mi pesadilla y escribí lo que soñé, o por lo menos lo que recuerdo. Ya saldrá la precuela, eso espero...

11. Jessli,

De berdad me encantó, Es súper... Felisitaciones

12. miguelantonio,

¡Dios mío! Que fuerte! yo les propongo que lo grabemos, pero no con voces sintetizadas. Son poco expresivas. mejor con voces humanas. Yo edito la obra si así lo desean. Buscamos los actores, graban en notas de voz buscando un area insonora para grabar, y luego me envían las notas para hacer la edición con todos los sonidos correspondientes.

13. Jack-Sawyer,

hola de nuevo, son las 3 de la mañana otra vez y ha sido un día lleno de terror, no he dormido absolutamente nada pero necesitaba revivir el hilillo, que ya lamía la roca madre del mar foril. Esta vez vengo a preguntarles a ustedes... quieren que la precuela sea algo nuclear, experimentos científicos, mutaciones... se me ocurren varias cosas. O desean que haga una concatenación de personajes antiguos de los dos primeros cuentos? Aquí un debate

14. max-sterling,

el pájaro de la muerte. eran las 4 de la madrugada en un frío día de invierno. yo, como siempre, desvelándome, por la manía de leer hasta altas horas de la noche. por lo general, siempre me gusta leer historias o relato de orror, porque siempre he creído que, un buen librillo de aquellos, son más que suficiente para sujestionarlo a uno, con la garantía de, que te cueste consiliar el sueño. no se si serían estas elocubraciones mientras leía, o quizá fue impresión mía de un sonido que provenía del exterior de mi morada. bien, la cosa es que no presté atención más que la necesaria a semejante asunto. y así pasaron los días. días diáfanos y hermosos, que nada tenían de particular. fue entonces, cuando andaba en la librería buscando nuevo material para leer, cuando me encontré con un par de personas que cuchicheaban en absoluto silencio y con vastante apreención. señores, buenas tardes. ojalá fueran buenas, me contestaron al unísono. bien, me dije. supongo que no han tenido un buen día, eso es todo. después de un silencio prolongado, uno de ellos me dijo. discúlpenos, la verdad es que estamos muy tensos con toda esta situación, que nos tiene al vorde de la locura. entonces les pregunté. que sucede? y me contestan. resulta que, hay un centro de recreación, llamada la sala de juegos. ahí entra muchísima jente, y de muchos lugares diferentes. ajám, le espeté. pero, que hay de malo en ello? no, nada, de hecho el lugar como tal, no tiene nada de malo. pero, las personas que suelen reunirse ahí, cuentan que, hay un hombre pájaro en ese lugar, y que nadie ha visto. solo dicen que es un hombre pájaro, porque aveces se han encontrado huellas como de unas garras y picotazos en la oficina central de esta cede. bien, me quedé pensando en ese relato. pero, ahora díganme ustedes. por qué es tan terrible? porque ustedes según cuentan, que es algo que los tiene al vorde de la locura. bueno, ejem. el segundo sujeto que, todabía no había dicho palabra alguna, dijo. este... pues ya... yo si lo he visto. enserio? si, lo he visto. es un pájaro terrible, un pájaro que fácilmente, sería identificado como un pichón, si este no fuese una mitad humana. pe peeero... como que lo viste? si, te cuento. resulta que, un día andaba en este centro de la sala de juegos, y en ese lugar, hay un septor que se denomina foro center. foro center? si, ahí se reúnen diversos tipos de personas que, exponen sus ideas y hacen ems. no se, una especie de exposición sobre temas de interés, que solo les incumbe a ellos. bien, (luego de una pausa prosiguió) fue ahí, cuando conocí a un usuario que solía frecuentar ese lugar. muy amenudo, y nos hicimos muy buenos amigos. para no hacerlo tan largo me dijo, sucedió que un día, llegó este pájaro, pisoteando todo a su paso, y profiriendo sonidos bastante guturales. naturalmente, a nosotros nos dió muchísimo miedo. oteamos en todas direcciones, pero solo podíamos escuchar los pasos y los chillidos de semejante ser. entonces, fue ahí cuando todo comenzó! atravezó el humbral, y vaya lo que vimos, nos pasmó de espanto! era un pájaro enorme, con un pico curvo y muy sobre natural, su pico podía medir fácilmente unos 2 metros y, sus patas, unas pezuñas largas y afiladas, y en sus manos, tenía unas garras retráctiles, que daban la sensación que, eran perfectas para destasar. y su cuerpo! su dorso era parecido al ser humano, y sus piernas con una simetría similar. por dios! no me estarás diciendo que... sí, en efecto, me contestó. era mitad pájaro, y mitad hombre! bien, pero continúa, que sucedió? bueno, el pájaro se acercó, sinhuosamente hacia nosotros! cuando de pronto, pegó un salto y un grito penetrante, agarrando a mi reciente amigo. agarré lo primero que tenía a mano, lo cual se lo lancé con todas mis fuerzas a semejante pajarraco. pero, este sin soltar su presa, comenzó a lanzarle picotazos en los ojos a mi amigo, luego con sus poderosas garras, comenzó a destriparlo. yo gritaba de la pura desesperación al no saber que ahcer!. pero, reuní todo mi valor, y salté sobre él. claro, salté, porque pese a que ya sabía que mi amigo ya estaba muerto, pero tampoco permitiría que ese pichón se comiera del todo a mi amigo. bueno, la cosa es que salté sobre él, pero igual hubiera sido que intentara tumbar una pared. porque, su cuerpo era tan duro, que siquiera pude moverle un ápice. dios mío, le dije. pero. como lograste escapar?. y me dijo. bueno, la verdad es que ni me prestó más atención de la necesaria, porque estaba ocupado en comerse los restos del que fue mi amigo. dios, nos conocimos por poco tiempo, pero en realidad si que le valoraba!. bueno, mientras permanecía ahí orrorizado, poco a poco fui retrocediendo en dirección a la salida de semejante espacio de terror. entonces fue ahí, cuando el pichón humano se dió cuenta de esto y para orror mío, me habló. que te habló! sí, me habló!. pe peero... no es posible! te lo estoy diciendo, me habló! y, que te dijo? bu buee... me dijo. yo, soy el todo poderoso pichón, el rey, emperador, dios, y todos los apelativos que se te ocurran, de este centro de juegos. este es, el castigo que merece todo aquél, que crea discordias en el foro center. esta criatura me ha desafiado, poniendo en duda mi autoridad, proclamándose así mismo, el más jactancioso del foro, y el más revoltoso. yo, el gran pichón, no admito semejante tontería! gritó con gran furia. entonces no se como fue que reuní valor y pude hablarle y decirle. tu, que tu eres el rey todo poderoso y gran emperador pichón del centro? como nadie te ha visto! entonces soltó una carcajada, mientras seguía masticando los huesos de mi ex amigo. já! y por qué tendrías o tendrían que verme? las reglas son sencillas! mientras ajitaba sus plumas y su pico relucía tinto en sangre. todo aquél que desafíe mis reglas, será brutalmente asesinado tal, y como le ha sucedido a este sujeto. así, que más te vale, que no hagas lo mismo que este sujeto!!!. entonces ya no pude aguantar más la situación, y salí corriendo con todas mis fuerzas mientras mis piernas me lo permitiesen, mientras a lo lejos seguía el pájaro riéndose y diciendo. todo aquel que me desafíe será destripado y serán arrebatado sus ojos! jaa! ja! já!. entonces una vez que salí de semejante pandemónium de asombro, por todo lo que había escuchado, lentamente, llegó a mi consciencia un recuerdo. un recuerdo, que me decía que, eso tenía algo que ver con el ruido que escuché esa noche mientras leía mis novelillas de terror. claro, como no iba a escuchar ese grito penetrante y esos ruidos guturales, si el centro de recreación de la sala de juegos, estaba justo al final de mi propia cuadra y yo sin saberlo!. ***ojalá les guste, lo creé mientras estaba leyendo sus historias. xd. es primera vez que hago una cosa así, ojalá se entretengan y, señor pichón, ojalá no se moleste, recuerde que solo es recreativo. y gracias!.

15. siervodejusticia,

No voy a decir que me robaron la idea, pero alguna vez pensé abrir un tema de este tipo, porque la verdad es que amo escribir. Quizá mi ortografía no sea perfecta pero en realidad amo hacerlo, tengo varias creepypastas ya hechas, como otras que solo están en mi imaginación y, si gustan, las pondré por aquí. Jack, ¿gracias por hacer lo que yo no hice en su momento! jaja

16. sanagui_dj,

bien ahí, jack.
no sabía queescribías, genial!.

17. Mari_Jc ,

bien vuenas tardes: a mi opinión este era uno de los temas que asía falta por acá... al fín algo distinto en el foro. y amí tamvién me gusta escrivír: en su malloría historias, o poemas, cansiones entre otras cosas. saludos y mas tarde les dejaré algo para que me den su opinión.

18. siervodejusticia,

Maldito holograma en la pared.
Estracto de la carta escrita por Jack López, a su gran amiga
Salutación:
Querida Jana, recibe un cordial saludo de mi parte. Te escribo porque ahora mismo me siento supremamente confundido, no sé qué hacer, ¿la angustia se apodera de mí ahora mismo! siento que el corazón se sale de mi pecho, todo esto ha sido demasiado para mí y no lo puedo soportar, y como me pediste que te relatara los hechos con lujo de detalles, intentaré hacerlo sin omitir nada y sin que se me ponga la piel de gallina al recordar todo esto.
Nosotros vivíamos bien, excelentísima Jana, no teníamos de qué quejarnos; vivíamos en la casa que era de mi abuelo, que había soportado generación tras generación y pasado de heredero en heredero, sin sufrir el más mínimo daño y sin perder su gran lujo.
Mi madre no ha querido abandonar esta maldita pero lujosa casa en la calle Stanford, porque cada que intenta hacerlo le viene a la memoria lo que le dijo mi padre antes de morir en el hospital metodista de Sugar Land: "por lo que más quieras no abandones la casa si quieres vivir bien, o desatarás la horrible maldición que existe en nuestra familia, ocasionando la ruina y hasta la muerte de cada uno de ustedes sin que haya sobreviviente alguno".
De la maldición no me preguntes nada, no sé nada en lo absoluto, ni siquiera he podido saber por parte de quién viene la maldición o quién la pronunció; pero de niños, mi hermano y yo creíamos que había un enorme secreto en esta casa, secreto que por decirlo así llevó a mi hermano a desaparecer, o peor aún aunque pensarlo me duele en el alma, a la muerte.
Yo trato de guardar algo de esperanzas para mí, quiero pensar que un día reaparecerá, que un día volveremos a tomarnos el café de todas las santas noches, que volveremos a escuchar la misma obra de Prokofieb mientras conversamos de nada y de mucho, pero la verdad es que ya no está; se ha ido, y nadie nos da parte alguno, ni tampoco se sabe si hay restos aunque sea, para que al menos reciba una sepultura digna.
Lo único cierto es que desde hace muchísimo tiempo, en esta casa con olor a amargura, donde se respira un ambiente a porquería, se halla inscrita en la pared una imagen muy extraña de una figura, de la cuál no se distingue su sexo ni su edad, envuelta toda en sangre y con unas vestimentas algo extrañas. De niños solíamos pensar que esta no era una pintura cualquiera como nos habían hecho creer, sino que había algo más allá que se escondía en ella.
Lo chistoso de todo esto es que a veces la imagen se borraba del punto en la pared donde ha estado por años, y se transformaba en el mismo ser sin género pero metido como en un recuadro, o aparecía en un gran barco al estilo white star line o cabalgando sobre un extraño animal que tenía el aspecto de una mujer, pero si te acercabas un poco más podías notar que se trataba como de un águila.
Los cambios de forma en el dibujo ya eran demasiado difíciles de digerir para nosotros, pero mi madre ni mis tíos creían en lo que les decíamos; se empeñaban en decirnos que la imagen la había pintado alguno de nuestros antepasados en la pared, y que solamente los de esa generación sabían el porqué de la rara imagen. La veíamos con temor, pero lo único que recibíamos era una reprimenda por parte de mi madre, acompañada de la frase: ¿es solamente una imagen! váyanse a dormir.
Aconteció mi querida Jana, que fuimos creciendo y el asunto de la imagen iba quedando en nuestros recuerdos aunque teníamos qué verla todo el día, todos los días, pasando por el mismo punto de la pared donde ha estado inamovible pero mutante percécula ceculón.
Y he aquí que un día nos hallábamos en tremendo festejo con unos compañeros de la universidad y miembros de la asociación de artistas plásticos, cuando lo que jamás creíamos que fuera a pasar pasó; pasamos a retirarnos todos a las recámaras, yo a conectarme a internet para ver qué encontraba de interesante en storytellers, cuando hubo un bajón de luz súbitamente y nos dejó a todos en tinieblas; seguido de esto, mi hermano empezó a gritar histéricamente y a llamarme, pero su voz se apagaba lentamente.
Los que habíamos quedado en casa no hicimos más que ir a atender a la extraña situación, dándonos contra todo y actuando como auténticos cegatos en medio de la oscuridad, cuando muy a tientas llegamos al cuarto de mi hermano. Estaba la puerta asegurada con cerrojo, pero a lo que pudimos prestar atento oído volvimos a oír a mi hermano gritando histéricamente: "¿déjame ya! ¿déjame ya! lebusiris kartutia aeneeeeeeee". Estaba diciendo cosas sin sentido, desvariaba, oíamos que se sacudía contra todo.
Logramos abrir la puerta con dificultad, ¿y he aquí que hallamos el cuarto de mi hermano completamente iluminado! había luz, una luz que llenaba toda la habitación, una luz que daba permiso a que el ojo mirase; aunque creo que lamento haber visto lo que vi, hubiera preferido no ver absolutamente nada porque lo que vi de plano me espantó: ¿la imagen ensangrentada estaba allí en el cuarto de mi hermano! se había movido del corredor principal donde siempre había estado, donde tenía qué estar.
Al momento, solo sé que me sobrevino un horrible escalofrío sobre todo mi cuerpo y, minutos después caí desmayado, colapcé en ese cuarto ante la vista de mis amigos.
No supe más desde ahí si no, según relatan ellos, me tuvieron qué sacar de ahí de imediato mientras Laila, que era de origen Árabe pero conversa al cristianismo había atendido a mi hermano que estaba en un pánico tenaz, fuera de sí, casi hiperventilándose.
Cuando mi hermano estuvo más calmado y apto para contarme lo que pasó, me relató el horrible suceso: -mira, decía el, yo estaba leyendo unas creepypastas en el sitio boocreepies, cuando literalmente el vaso que me había olvidado llevar a la cocina saltó por sí solo como si tuviese vida propia, de la mesita donde estaba el PC hasta la cabecera de mi cama; tú sabes que de mi cama al computador hay una distancia enorme, y para que eso pudiese pasar era necesario que con un impulso propio deliveradamente hubiera tirado el vaso.
Al rato en la pantalla de la PC en lugar de la mano peluda, historia que había escrito un tal tutu, empezó a proyectarse como una película filmada en un escenario tipo años30: en ella podía ver a un hombre sentado en una silla de madera, amarrado de pies y manos, cuando una criatura monstruosa le hacía sonidos al pobre e indefenso hombre para asustarlo mientras, usando su cola por látigo le suministraba unos buenos golpes. El hombre se retorcía, y a cada juachaz del látigo se podía ver a un varón sufriente y pidiendo misericordia, mientras el espectro maligno se reía de él mientras le remedaba burlonamente.
Al ver al hombre que se iba retorciendo del dolor, aún consciente, la horrible cosa lo toma en brazos, lo mete como a una especie de celda y le abre los ojos, al tiempo que le caen gotas como de una sustancia parecida al muriático, haciendo al hombre maldecir por su vida y padecer sin que viera la muerte.
Entonces, continuaba mi hermano su relato, después de ver el asunto pudo cerrar la página sin problemas pensando que se trataba de alguna broma de mal gusto; al instante vio cómo algo le tapó el reflejo de la pantalla del ordenador, y en cuestión de segundosvio instalada la antigua imagen en un punto de la pared de su cuarto.
Creyó que estaba sugestionado, creía que era un error, las historias que leyó le habían hecho ya demasiado efecto; regresa a la realidad cuando una voz audible, que se oía pero no dejaba distinguir género ni edad, salió de la imagen: "¿oye tú!" saltó de miedo, se levantó del escritorio pero entonces sintió que algo lo tiró a la cama, y en seguida se tumbó sobre él.
Le hablaba al oído, primero al derecho, luego al izquierdo, a veces al interno, otras dividiendo su voz como si se tratase de mucha gente, cuando intentó levantarse de la cama y no podía. Cuenta él que se veía lleno de sangre, como si hubiera salido malherido de una batalla con animales fieros, y no lo soportaba; en ocasiones sentía que le pasaban dientes sobre él, otras veces sentía como algo baboso se movía por todo su cuerpo, hasta que se le metía cansuándole un dolor semejante al de una inyección intramuscular, cien veces peor.
Le dijo: "solo quiero jugar, vamos a jugar hasta cansarnos"; mas adelante le dijo que quería que leyeran creepypastas juntos, hasta le pidió que le leyese cual niño pidiendo que le lean un cuento, y él de miedo accedió.
Cuando intentaba leer, la imagen se reía primero en la pared, luego sobre él, le hacía aullidos como de lobo, hasta que él se descontrolaba y leía lo siguiente: "lebusiris kartutia aeneeeeeeee". suspiz tuláh meewvwwwwwwk". Mi hermano luchaba contra la imagen, daba puñetazos a la pared, hasta que él me cuenta lo siguiente: "comencé a ver, en mi propio cuarto árboles donde no los había, niños muertos de la risa donde no había niños, platos que se rompían donde no había platos, juro que después empecé a sentir que no sentía nada". Dice que el sentimiento de no sentir nada le abrumaba, le envolvía, le angustiaba; lloraba sin poder llorar, gritaba sin poder gritar, pero era consciente de que no podía serlo.
Entonces la imagen se congeló, volvió a ser la misma figura asexual, llena de sangre, que antes había estado pintada en la pared del corredor principal y ahora, quién sabe cómo, se había instalado en el cuarto de mi hermano

19. deniss-richi,

Hola. La creepy que contó siervo está muy buena, se me puso la piel de gallina. Sigue así. Saludos

20. guile,

muuuyyyyy buena!

21. kanna,

esa de el pájaro de la muerte estubo re buena max!. que imajinación parce jajaja xd

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